Mientras la mayoría de nuestros líderes mira hacia atrás, reparando daños históricos, existe una urgencia silenciosa: capturar esta ventana de oportunidad para transformar nuestros activos únicos en nuevas industrias disruptivas impulsadas por ciencia, tecnología e innovación.
Perú posee verticales de valor extraordinarias. Cobre de clase mundial. Tierras raras sin explotar. Potencial energético colosal en solar, eólico y gas natural. Una ubicación geográfica que lo posiciona como hub logístico y portuario de América Latina hacia Asia. Una biodiversidad sin igual: la confluencia de corrientes oceánicas, la Amazonía, los pisos ecológicos. Y patrimonio: historia, gastronomía número uno del mundo, paisajes que cautivan, entre otros.
Pero los activos solos no generan futuro. Lo que falta son los «enablers»: ambición empresarial para conquistar mercados globales, talento en ingeniería y ciencia, laboratorios de investigación de clase mundial, infraestructura tecnológica y física de punta, menos corrupción, instituciones públicas ágiles y confiables.
Philippe Aghion, Premio Nobel de Economía 2025, lo plantea con claridad: el crecimiento económico sostenido no viene de administrar lo existente. Viene de la “destrucción creativa” impulsada por ciencia, tecnología e innovación. Eso es lo que necesita el Perú ahora.
Pero esto no es tarea del Estado solo. Requiere un matrimonio deliberado: sector privado con coraje de innovar e invertir a largo plazo, academia generando conocimiento y talento, sociedad organizada vigilante y propositiva, y Estado diseñando incentivos y removiendo obstáculos.
NED 2026 es exactamente ese espacio. Donde los líderes-ejecutivos reconocen que innovar a partir del desarrollo y la adopción tecnológica de frontera es la nueva manera de prosperar. Donde los policy-makers entienden que gobernar el siglo XXI significa invertir en el futuro. Donde científicos, emprendedores e innovadores encuentran eco y visibilidad.